República Dominicana y Honduras suprimen visas para sus ciudadanos

El nuevo acuerdo se suma a los suscritos con El Salvador, Perú, Jamaica, Guatemala y Paraguay, durante la gestión del actual canciller dominicano.

República Dominicana y Honduras suprimen visas para sus ciudadanos

TEGUCIGALPA, 25 de julio (Panorama) — República Dominicana y Honduras acordaron hoy la supresión de visas para sus ciudadanos portadores de pasaportes ordinarios, con el fin de facilitar “relaciones amistosas y de cooperación” y fomentar el turismo y la circulación de dominicanos y hondureños por ambos países.

El nuevo acuerdo se suma a los suscritos por la República Dominicana con las repúblicas de El Salvador, Perú, Jamaica, Guatemala y Paraguay, durante la gestión del actual titular del ministerio de Relaciones Exteriores.

La firma del pacto con Honduras fue encabezada por los cancilleres dominicanos, Miguel Vargas y hondureño, María Dolores Agüero Lara, teniendo en cuenta el acuerdo suscrito a finales de 1997, sobre supresión de visas en pasaportes diplomáticos, oficiales y especiales.

Se estableció que los titulares de pasaportes ordinarios, válidos y vigentes, “estarán exentos de la obligación del requisito de visa para entrar al territorio de la otra parte para fines turísticos, con una permanencia inicial de hasta sesenta días”, pero que por “circunstancias de fuerza mayor o debidamente justificadas”, la permanencia inicial podrá ser prorrogable de acuerdo a las normas migratorias vigentes en las dos naciones.

Sin embargo, esta concesión no aplica para los visitantes que realicen actividades lucrativas remuneradas o asalariadas, participar investigación, entrenamientos, estudios, trabajos de carácter social, asistencia técnica, de carácter misionario, religioso, artístico o de estudios, debiendo éstos tramitar el visado correspondiente.

El acuerdo establece que las partes se reservarán el derecho de no admitir el ingreso o cancelar la permanencia en su territorio a los nacionales que considere inadmisibles o por incumplimiento de algún requisito migratorio de conformidad con su legislación nacional.

“Cada parte puede, por razones de orden público, seguridad, protección de la salud o de derechos humanos, interrumpir temporalmente, en forma total o parcial, la ejecución del presente Acuerdo, indicando el período de suspensión, que podrá ser prorrogado”, previa comunicada a la otra parte por escrito y por la vía diplomática, dijo el funcionario.

Desde la llegada del Canciller Vargas al frente del ministerio de Relaciones Exteriores dominicano, se han firmado acuerdos similares con Perú, El Salvador, Guatemala y Paraguay

De otro lado, Vargas impuso al cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, la condecoración con la Orden Heráldica de Cristóbal Colón, en el Grado de Gran Cruz Placa de Plata, otorgada por el Gobierno dominicano.

En su discurso de motivación, Vargas definió al cardenal Rodríguez Maradiaga como “líder de la Iglesia Católica Latinoamericana”, y que constituía un gran honor para él haber tenido la honrosa oportunidad de conocerle personalmente en ocasión de cumplir esa encomienda del gobierno y ser portador de un saludo fraterno del presidente Danilo Medina.

Del purpurado, el Canciller dominicano resaltó el hecho de haber estado en dos ocasiones “a un tris de convertirse en el primer Papa del continente americano”, pero que con proverbial sencillez ha insistido en que no sería “un Santo Padre adecuado para estos tiempos”.

Recordando que con sus prédicas constantes, el cardenal Rodríguez Maradiaga logró el inicio de lo que hoy se considera como modelo en América Latina de un nuevo sistema penitenciario cuya implementación se inició en la República Dominicana hace ya una década y que en tan corto período alcanza casi el 40 por ciento de nuestra población carcelaria estimada en más de 30 mil reclusos.

“En esos afanes llegó por primera vez a la República Dominicana hace ya muchos años, prodigando ayuda humanitaria en los barrios de Santo Domingo; visitando los centros académicos para llevar conferencias magistrales, llamando la atención sobre la desigualdad social, y visitando recintos carcelarios para abogar desde ellos por un régimen penitenciario más humanizado”, dijo.

Rememoró que en la República Dominicana “causó más que temor por la vida del cardenal Rodríguez Maradiaga, mucha curiosidad, admiración y respeto cuando se supo que él había sido nombrado jefe de la Policía de su país, una posición que lo sorprendió encontrándose en los Estados Unidos en tratamiento médico, y que por un tiempo desempeñó efectivamente, no precisamente de forma simbólica”.

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